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Seguridad de los productos alimenticios, reglamentos gubernamentales y protección de marcas

Escrito por: Predrag Jakovljevic
Publicado: noviembre 2 2006

En el 2005, la revista Food Processing realizó una encuesta en la que los profesionales de la industria alimenticia calificaron la seguridad de los productos alimenticios como la principal preocupación en las plantas (consulte la figura). El 85 por ciento de los encuestados afirmó que está adoptando medidas adicionales para garantizar la seguridad de los productos alimenticios. La forma en que respondieron tiene su justificación: los titulares en todo el mundo hablan de las protestas en contra de los brotes de salmonela, Escherichia coli (E. Coli), síndrome respiratorio agudo grave (SARS), encefalopatía espongiforme bovina (también conocida como enfermedad de las vacas locas), fiebre aftosa y otras preocupaciones relacionadas con la seguridad de los alimentos (tales como los problemas asociados con organismos modificados genéticamente).

Cuarta parte de la serie Las “delicias” de la industria de alimentos y bebidas.

Los Centros de control y prevención de enfermedades de los Estados Unidos reportan que cada año en los Estados Unidos, hasta 76 millones de casos de enfermedades se originan por la contaminación de los alimentos. Además del costo público que esto representa, las consecuencias que tienen los errores en la seguridad de los productos alimenticios pueden ser devastadoras para esta industria. Si bien muchos ejecutivos de esta industria perciben los castigos reglamentarios como un riesgo, los mayores riesgos son la posibilidad de cierres o, peor aún, el daño permanente que esto puede provocar a las marcas o las empresas. Actualmente, los medios noticiosos están al pendiente de las historias que tienen que ver con la seguridad de los alimentos, ya que saben que generan mucho interés entre el público y pueden ayudar a las ventas de los periódicos. ¿Los consumidores qué opinan? La Agencia de normas alimenticias (Food Standards Agency o FSA) del Reino Unido realizó un sondeo entre los consumidores de este país, y descubrió que el 71 por ciento de ellos se preocupa por este tipo de problemas, mientras que el 16 por ciento no está preocupado.

Muchas empresas de alimentos invierten importantes cantidades de dinero y realizan un esfuerzo para establecer la presencia de sus marcas en el mercado, ya que esto puede traerles ventajas en el competitivo mercado de bienes. Sin embargo, si alguna de ellas tiene que retirar algún producto del mercado (una oportunidad para que los medios generen una imagen negativa de la empresa), el activo que representa su marca puede convertirse en un pasivo.

Los consumidores nerviosos pueden hacer que los distribuidores y los agentes abandonen esos productos “marcados”. Los fabricantes que no tienen marcas conocidas, tales como los proveedores de ingredientes o los fabricantes de marcas privadas, pueden manchar su reputación ante los ojos de los clientes. En cuanto a los distribuidores, los operadores de servicios alimenticios y los vendedores al por menor de alimentos dudarán de su credibilidad y su capacidad para mantener sus nombres alejados de los medios. Los vendedores al por menor y los operadores pueden ver partir a sus clientes gracias a la publicidad negativa. Cabe notar que los principales vendedores al por menor están legítimamente preocupados por la seguridad de los productos alimenticios. Por ejemplo, los simulacros de requisitos de retiro del mercado que realizan Wal-Mart y Costco superan los requisitos que especifica la mayoría de los reglamentos.

Si desea conocer más sobre la industria de los alimentos y las bebidas, consulte Las “delicias” de la industria de alimentos y bebidas, Tendencias y problemas de la industria de productos alimenticios y bebidas y El apretón de los márgenes y la globalización en la industria de alimentos y bebidas.

Un problema global

La seguridad de los productos alimenticios es un problema global, y las amenazas y los costos potenciales que actualmente se relacionan con él están más presentes que nunca. A medida que las empresas buscan tener un mayor control (y minimizar los riesgos), se dan cuenta de que hay que considerar y tratar diversas actividades, tanto dentro como fuera de la empresa y en ambas direcciones de la cadena de suministro.

La mayoría de los países cuenta con agencias gubernamentales, como la Food and Drug Administration (FDA) y el US Department of Agriculture (USDA), que se encargan de regular los productos alimenticios. Estas agencias ayudan a garantizar que los alimentos son seguros y que no contienen aditivos dañinos. Hacen que las empresas cumplan con las estrictas normas de etiquetaje de los alimentos y, en algunos países, definen directrices para la publicidad de los productos. El control y la seguridad de los productos alimenticios aumentará con la relación de la mercancía alimenticia que se está dando entre los países y las regiones, particularmente con la presencia de enfermedades como la de las vacas locas y la influenza aviar, que pueden transmitirse a los humanos a través del consumo de alimentos.

En general, estas reglas se aplican a todos los productos alimenticios que se venden en el país, por lo tanto, cualquier producto que se importe deberá apegarse a ellas. Todas las partes involucradas en la cadena de suministro deben tomar en cuenta el impacto que tienen los reglamentos a nivel mundial en las actividades de importación, exportación y comercio nacional. Con el surgimiento de otras preocupaciones sobre la seguridad de los productos alimenticios, no deberá sorprendernos que los reglamentos para la industria se vuelvan más severos. De ahí que muchos productores de alimentos que deben apegarse a las normas de la FDA y el USDA hayan implementado programas de análisis de peligro y de puntos críticos de control (HACCP) para normalizar sus prácticas de calidad y seguridad de los alimentos, simplificando así los procesos del negocio y reduciendo los riesgos de no conformidad, manteniendo siempre los costos operativos tan bajos como sea posible.

Los dos mercados que tienen mayor impacto a nivel mundial son los Estados Unidos y la Unión Europea (UE), debido a que están entre los más grandes y son los principales importadores y exportadores de productos alimenticios. La Ley de respuesta y preparación sobre el bioterrorismo del 2002 (o Ley de bioterrorismo del 2002) también juega un papel importante en la industria mundial de productos alimenticios, ya que ha creado un requisito nuevo para los fabricantes de bienes de consumo, quienes deben dar seguimiento al origen de la materia prima y al cliente a quien van dirigidos los bienes terminados. Asimismo, todas las partes involucradas en la cadena de suministro deben mantener los atributos del inventario, tales como número de lote, códigos de revisión, fecha de fabricación, fecha de vencimiento, número de serie, etc. En teoría, estos requisitos deben permitir que todos combatan las amenazas terroristas y manejen los retiros de productos del mercado en caso necesario.

Gran parte de los reglamentos de seguridad de bioterrorismo exigen que los fabricantes de alimentos, los distribuidores y las empresas de logística establezcan y mantengan registros que permitan que los inspectores realicen una investigación del seguimiento con el propósito de proteger el abastecimiento de alimentos y piensos. Requiere que cuenten con los medios necesarios para proporcionar los mecanismos de creación de reportes necesarios que van más allá de la capacidad de seguimiento de los lotes. La FDA tiene autoridad sobre cerca del 80 por ciento del abastecimiento de alimentos de los Estados Unidos, por lo tanto, la Ley de bioterrorismo afectará más a la industria mundial de alimentos y bebidas que todos los demás reglamentos combinados. Si bien existen algunas excepciones, la ley se creó para ser aplicada a todas las empresas que fabrican, procesan, empacan, mantienen, transportan, distribuyen o reciben productos alimenticios regulados. Se estima que cubre más de 400,000 instalaciones tanto en los Estados Unidos como en el extranjero.

La Ley de bioterrorismo se está replicando a lo largo de los Estados Unidos para garantizar la seguridad de los productos alimenticios ante un ataque terrorista. El 10 de enero de 2005, Markos Kyprianou, el comisionado de los Estados Unidos para la protección de los consumidores y la salud, indicó que el principio que guía a la Comisión europea (CE) (definido principalmente en su documento sobre seguridad de los productos alimenticios del año 2000 [consulte http://europa.eu.int/comm/dgs/health_
consumer/library/pub/pub06_en.pdf
]) era aplicar un enfoque integral desde la granja hasta la mesa de los consumidores, que cubriera todos los sectores de la cadena alimenticia, incluyendo la producción de piensos, la producción primaria, el procesamiento de alimentos, el almacenamiento, el transporte y las ventas al por menor. Esto indica que las preocupaciones sobre la seguridad de los productos alimenticios afectan a todos los integrantes de la cadena de suministro de alimentos.

La Autoridad alimentaria europea (AAE) definió las condiciones básicas para salvaguardar los productos alimenticios en su reglamento EC/178/2002 (consulte http://europa.eu.int/eur-lex/pri/en/oj/dat/2002/l_031/l_03120020201en00010024.pdf), cuyo artículo 18 especifica que la capacidad de seguimiento de los alimentos debe estar presente en todas las etapas de producción, procesamiento y distribución (desde la granja hasta la mesa del consumidor, incluyendo cultivadores, procesadores, fabricantes y distribuidores, además de servicios alimenticios y vendedores al por menor). De hecho, los estrictos reglamentos de la UE hacen que las empresas procesadoras de alimentos adquieran responsabilidad legal con respecto a los sistemas de seguimiento, aún cuando sus clientes no los requieran. Esto se aplica a toda la cadena de suministro (producción, almacenamiento, compras, control de calidad, etc.) y a todo aquéllo que contribuya a la seguridad de los productos alimenticios (como empaques, cierres, sellos, botellas, frascos, etc.), a diferencia del antiguo requisito de identificar únicamente el origen de los ingredientes (consulte Is Intentia Truly Industry's First In Food Traceability?). También existe la necesidad de tener un seguimiento hacia el pasado de varios ingredientes, así como uno hacia el futuro, para efectos de retiro del mercado.

Otro ejemplo actual es la Ley general de alimentos de la EC, cuyo artículo 15 establece la obligación de tener capacidad de seguimiento rápido de todos los alimentos, los productos alimenticios y los animales utilizados para alimento. Dichos reglamentos subrayan la necesidad de contar con un sistema automatizado de distribución que proporcione un seguimiento y un rastreo rápidos y precisos. El incidente que se dio en el 2005 en el Reino Unido con el chile en polvo que estaba contaminado con el colorante Sudan 1, representó la prueba de fuego para la legislación sobre el seguimiento que se había puesto en vigor en enero de ese mismo año. En el 2003, la UE había prohibido el uso del colorante en productos alimenticios, pero apareció en un lote de chile en polvo importado para hacer salsa Worcestershire, que a su vez se usaba como ingrediente en muchos productos. La FSA ordenó retirar cientos de productos del mercado y eventualmente fue posible rastrear los problemas hasta el embarque de chile en polvo contaminado que llegó al Reino Unido en el 2002 proveniente de la India. Así, a medida que los reglamentos se vuelven más estrictos y crecen las preocupaciones sobre la seguridad global, todos los aspectos de la gestión del ciclo de vida de los productos (PLM) alimenticios y las bebidas deben integrar las mejores prácticas internas, los requisitos de los clientes y el apego a los reglamentos.

Acerca de los autores

Predrag Jakovljevic es analista senior en Technology Evaluation Centers (TEC), y se enfoca en el mercado de las aplicaciones empresariales. Cuenta con cerca de veinte años de experiencia en la industria de la manufactura, incluyendo varios años como usuario experimentado de TI/ERP y las aplicaciones relacionadas, así como consultor/implementador y analista del mercado. Es ingeniero mecánico de la Universidad de Belgrado (en Serbia [la antigua Yugoslavia]) y tiene un certificado en gestión de producción e inventario (CPIM) y en gestión integrada de los recursos (CIRM) de APICS.

Olin Thompson es vicepresidente de estrategia industrial de Lawson . Cuenta con más de veinticinco años de experiencia como ejecutivo en la industria del software, y se le conoce como “el padre” de ERP de procesos. Escribe y da conferencias sobre temas como obtención de valor con ERP, planificación de la cadena de suministro (SCP), comercio electrónico y el impacto que tiene la tecnología en la industria. Se le puede contactar en olin.thompson@us.lawson.com.

 
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